¿Quién carajos es Pedro Manrique Figueroa? – Un tigre de papel


Con lleno total, el pasado domingo 30 de septiembre a las 4 de la tarde, en el marco del Festival F11 de la revista “El Malpensante”, se realizó la première oficial de la película documental “Un tigre de papel” del director colombiano Luis Ospina. El evento antecede el ingreso de la película en la cartelera de las salas de arte y ensayo del país.

 

 

La película

 

“Un tigre de papel” gira en torno a la vida de Pedro Manrique Figueroa, precursor del collage en Colombia. Según Ospina “Manrique Figueroa es el secreto mejor guardado del arte colombiano” y para revelar ese enigma, la incógnita sobre su vida, las relaciones que estableció con quienes lo conocieron y su posterior desaparición, “Un tigre de papel” cuenta con un abanico de personajes de vital importancia en la escena cultural, entre ellos los cineastas Carlos Mayolo (Q.E.P.D), Jaime Osorio (Q.E.P.D) y Juan José Vejarano; el historiador Arturo Alape (Q.E.P.D), la actriz Vicky Hernández, el biógrafo de Camilo Torres, Joe Broderick, el director de teatro Santiago García, el poeta Jotamario Arbeláez, los artistas Umberto Giangrandi, Beatriz González y el curador Lucas Ospina, entre otros.

 

Viéndola no pude evitar recordar películas como “Forrest Gump”, personaje de ficción al quien los realizadores logran insertar en los eventos más significativos de la historia reciente de Estados Unidos, para convertirlo en héroe, siendo alguien destinado a fracasar desde su infancia. “Un tigre de papel”, sin embargo, opera en sentido contrario: Pedro Manrique Figueroa (nuestro Forrest) parece destinado para las “grandes causas” de la política, el Arte o el Espíritu, pero yerra el camino, se queda a medio andar por su dispersión, su mediocridad y falta de talento, navegando en el humeante universo del alcohol, las drogas y la rumba.

 

“Como cineasta soy un producto de los años 60s y 70s. En la memorable fecha de mayo del 68 me gradué de bachiller y fui a California a estudiar cine, primero a USC y luego a UCLA. Como bien es sabido esos eran años de rebeldía y revolución en casi todo el mundo. Durante mis cuatro años de estudios participé en el movimiento estudiantil y asistí a diversos grupos de estudios marxistas y anarquistas. También colaboré en varias películas militantes que se hicieron cuando los de la escuela de cine de UCLA nos declaramos en huelga y nos tomamos los equipos de la universidad. Todos pensábamos que podíamos cambiar el mundo”. Pero el mundo no les permitió ser cambiado. Los sueños de su generación se esfumaron con la llegada de los años 80. Años de pragmatismo y guerra fría que terminaron con la caída del muro de Berlín.

 

El tono de la película, incluso su estructura hacen pensar también en esa bella e implacable novela que es “Los detectives salvajes” del gran escritor chileno Roberto Bolaño. La búsqueda en Bolaño es la de una poeta: la fundadora del “Real Visceralismo”, acá Ospina busca – en el sentido narrativo – al pionero del collage en Colombia. Simples excusas, como Forrest, para contar una época, una búsqueda, un trágico destino. Estamos entonces ante una película “romántica” con lo que tiene de procaz y definitivo el término.

 

Esta película hace una radiografía del arte y la política en Colombia desde 1934 hasta 1981, año de la misteriosa desaparición del artista. La vida de Pedro Manrique Figueroa no está escrita por nadie, y por una razón poderosa: se parece demasiado a una novela de aventuras, a la vez incompleta y contradictoria, siempre vinculada a las centelleantes incertidumbres de la tradición oral. El filme examina las relaciones que han existido entre el arte y la política, entre la verdad y la mentira, entre el documental y la ficción.

 

En este sentido, vale la pena traer a colación el legendario falso-documental “La Era del Ñandú” del cineasta argentino Carlos Sorín que hablaba sobre la crotoxina, droga “tomada” de la hipófisis del ñandú cuyas propiedades se centraban sobre la posibilidad de extender la vida en un 50%. Pero, ¿quién tenía la droga?, ¿quién la proveía? ¿dónde podía conseguirse? ¿cómo era? El documental fue una leyenda televisiva de finales de los años 80 en Argentina: El instituto donde se realizaban las pruebas y alojaban pacientes se convirtió en lugar de culto, un templo al que sólo ingresaban elegidos. Un templo griego o romano, habitado sólo por los sacerdotes, no abierto al público, conservando de esta manera su aura mágica.

 

Vale la pena citar también el escalofriante documental “El lado oscuro de la Luna”, escrito y dirigido por William Karel. “El lado oscuro de la Luna”, además de parodiar con su título el exitoso y legendario álbum de Pink Floyd, es un documental que sostiene la tesis de que los norteamericanos jamás fueron a la Luna: que todo fue un invento de los yankees. En “El lado oscuro de la Luna” aparecen Henry Kissinger y algunos miembros del alto gobierno gringo, como Rumsfield, Haig y Helms. ¿Cómo puede la ondear la bandera de Estados Unidos cuando no hay viento en la luna? Durante una entrevista con la viuda de Stanley Kubrick, una historia extraordinaria sale a la luz. Ella afirma que Kubrick y otros productores de Hollywood fueron reclutados para ayudar a Estados Unidos a ganar la reconocida carrera que llevaría al hombre a la Luna. Es decir que la llegada del hombre a la Luna fue producida en un estudio de Hollywood. Al fin y al cabo, Mao Tse Tung tenía razón, aunque Ospina lo lamente: Estados Unidos es “un tigre de papel”, como nuestro emblemático Pedro Manrique Figueroa.

 

A propósito, Luis Ospina añade: “La historia es de quien la escribe, en este caso de quien la filma. Narrada tangencialmente, es un pretexto que nos remite a temas, mostrando imágenes, polémicas, influencias, tendencias políticas, debates sobre la función del arte en la sociedad. Es un fresco de un país”. Y yo agrego: De nuestro país. ¿Y quién de nosotros no ha sido alguna vez Pedro Manrique Figueroa? ¿Quién no conoce a por lo menos uno? ¿Es el padre perdido de la generación de los 70?

 

“Un tigre de papel” es en sí mismo un collage en donde se yuxtaponen el arte y la política, la verdad y la mentira, el documental y la ficción; fragmentos dispersos, evidencias y relatos recientes de figuras del mundo cultural colombiano como la artista Beatriz González, el biógrafo Joe Broderick, la escritora Carolina Sanín, el cineasta Carlos Mayolo, sustentan una fenomenal historia. Y traza las pistas de los viajes y correrías de un fantasmal artista y ferviente revolucionario en inesperadas esquinas del mundo.

 

Luis Ospina

 

Nació en Cali el 14 de junio de 1949 y acerca de su primera conexión con el cine afirma: “Aunque me precio de tener una memoria cinematográfica, no recuerdo con claridad cuál fue la primera película que vi. Quizá porque desde que me acuerdo el cine siempre estuvo presente en mi corazón. Y en mi hogar. Mi padre no sólo filmaba home movies de nuestra vida familiar sino que también exhibía, en un garaje improvisado de mi casa, películas de Hollywood que alquilaba para entretenimiento de mi familia y de los vecinos. El segundo gran aliado de mi cinefilia fue el servicio doméstico. Todos los domingos la empleada doméstica de turno me llevaba con mis hermanos religiosamente a cine. Gracias a esta estimulación temprana al cinematógrafo, a la edad de 14 años, filmé con la cámara de mi padre mi primer cortometraje “Vía cerrada” en 1964.

 

Así mismo, Ospina fue codirector del Cine Club de Cali y cofundador de la revista “Ojo al cine”, junto al escritor y cineasta Andrés Caicedo. Cronista cinematográfico para varias publicaciones, entre ellas “Ojo al cine”, “Kinetoscopio”, “Arcadia”, “El Pueblo”, “El Malpensante” y “Número”. Director de los largometrajes “Pura sangre” (1982) y “Soplo de vida” (1999). Ha realizado una decena de cortometrajes, entre ellos “Asunción” (1975), “Agarrando pueblo” (1978) y “En busca de María” (1985). Ha dirigido más de treinta documentales, entre ellos “Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos” (1986), “Nuestra película” (1993) y “La desazón suprema: retrato incesante de Fernando Vallejo” (2003). Sus últimas producciones son “Un tigre de papel” (2007) y “De la ilusión al desconcierto” (2007), una serie sobre la historia del cine colombiano desde 1970 a 1995. Su trabajo ha sido premiado en los festivales internacionales de Oberhausen, Biarritz, La Habana, Sitges, Bilbao, Huesca, Cádiz, Lille, Caracas y Toulouse.

 

Sobre su trabajo, afirma Ospina: “Creo que mi verdadera vocación ha sido el documental. El cine de ficción, con toda la parafernalia técnica y sus altos costos, siempre ha sido para mí un estado de excepción, mientras que el documental es un estado de gracia. Gracias al vídeo he podido expresarme de una forma más continua y con mayor coherencia, investigando con el documental, en más de una treintena de trabajos, tres temas que siempre me han obsesionado: la ciudad, la memoria y la muerte, que fueron mi punto de partida para realizar mi primer documental de largometraje “Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos” (1986)”.

 

Fuente consultada: Pantalla Colombia

 

Juan Ensuncho Bárcena


Escritor, guionista y periodista colombiano. Nació en 1975 en San Marcos del Carate. A los 14 años participó en un noticiero infantil de televisión. Entre 1995 y 2000 trabajó en la radio. En 1997 comenzó a publicar en los suplementos literarios y revistas culturales de Colombia y América. En 1999 escribió y dirigió su primer cortometraje. Desde 2002 ha escrito y dirigido siete documentales y dos video- clips. En 2004 publicó el libro de conjuros “El Poeta en el Hotel". Vive en Bogotá.

 

 

¿Quién carajos es Pedro Manrique Figueroa? – Un tigre de papel (Entrada libre)
Quién carajos es Pedro Manrique Figueroa
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