QUERIA HABLAR ANTES DE MORIR

El testimonio de un pintor colombiano

Nuestra película de Luis Ospina

 

Por Catalina

Villa Diario El País 

 Cali, dic. 3, 1993


La vida y la muerte del pintor colombiano Lorenzo Jaramillo en 96 minutos. Los olores, los gustos, las imágenes. Un testimonio sobre la realidad.


Ambos sabían que iba a ser una obra póstuma. Allí, latente, estaba la presión del tiempo, la presión de la enfermedad. Por eso empezaron a grabar sin guión en mente, discutiendo sobre la marcha la forma que iría tomando el documental. No había segundo que perder. Rodaron en diciembre y en febrero, Lorenzo murió.

 

Luis Ospina conocía muy poco a ese pintor colombiano que vivía en Francia. Sólo lo había visto una vez en París y un par de veces en Bogotá. Pero a la vez era muy amigo de su hermana Rosario. A través de ella. Ospina le había prestado algunos trabajos realizados sobre Andrés Caicedo y Antonio María Valencia.

 

Un día, cuando la enfermedad se había apoderado de su cuerpo, cuando los ojos ya no respondían a sus deseos de devorarse el mundo con una mirada para plasmarlo a través de la pintura, Jaramillo le hizo saber que le interesaría hacer una película.

 

“Oiga Luis, Lorenzo, mi hermano quiere hacer una película, él necesita decir muchas cosas y piensa que usted es la persona indicada para dirigirla.” Le estaban pidiendo que grabara el testimonio de alguien que muy pronto dejaría de existir. Tendría que trabajar con el tema de la muerte rondando en el espacio. ¿Por qué decidió aceptar la propuesta?


LO: Para Lorenzo, el documental era la última oportunidad que tenía de expresarse a través de un medio artístico, que a él le gustaba mucho: era un apasionado al cine. El era una persona que quería decir muchas cosas antes de morirse... la cámara le brindó la oportunidad de que lo luciera.

 

La mayoría de quienes han visto este trabajo opinan que es un testimonio bellísimo sobre lo que fue este pintor colombiano. Sin embargo, la película está hecha de tal forma que golpea un poco la sensibilidad de algunos. Incluso se ha llegado a decir que. es macabro mostrar a alguien que se va a morir, hablando de la muerte. ¿Qué piensa de eso?


LO: Desde luego que es una temática fuerte. El documental tiene una cosa y es que uno sabe que la persona está en el proceso de morirse, y lo que hace más angustioso es que es una persona muy joven, de 36 años. Con Lorenzo siempre hablamos de ese aspecto, en el sentido que podría ser un poco exhibicionista, pero el dijo que no le tenía miedo a las cámaras, ni a que al trabajo se fuera a morir en el aire. El estaba dispuesto a correr todos los riesgos que implica estar ante una cámara. De otro lado, creo que se logró el objetivo de Lorenzo: hacer su película.

 

¿Cómo fue la relación de ustedes durante la grabación?


LO: Cuando él me llamó para hacer la película, yo le dije que estaba de acuerdo pero con la condición de que fuera un trabajo compartido. Algo hecho en conjunto donde él a veces tendría que dirigirme a mí. Eso fue algo muy importante que sucedió durante la filmación, por eso se llama Nuestra película, porque fue hecha para los dos. Aunque él no estuvo para la terminación, el concepto viene de los dos. Hubo una colaboración inmensa de su parte. A medida que avanzábamos, él iba sugiriendo lo que le parecía que debíamos hacer, las personas que debíamos entrevistar. Luis Caballero, Juan Antonio Roda, Hernán Díaz. A través de las filmaciones fue surgiendo una amistad. Yo me pude hacer muy amigo de Lorenzo gracias a tener una cámara allí, gracias a tener un interés común, como el cine.

 

La película está dividida en cinco capítulos que son los cinco sentidos, ¿De dónde surgió la idea de esa estructura?


LO: Eso fue algo que se me ocurrió posteriormente, cuando ya todo estaba grabado. Tenía casi veinte horas de material y no sabía cómo lo iba a organizar, pero algo me había quedado muy claro: Lorenzo era un artista que había disfrutado de los cinco sentidos. Le gustaba la pintura, le gustaba el cine, le gustaban el teatro y las escenografías, le gustaba mucho la ópera, le gustaba la comida, le gustaba la vida nocturna. Entonces pensé que esa era la estructura apropiada para un personaje como él, para un artista de los cinco sentidos.

 

Así, después de editar más de 20 horas de grabación, Luis Ospina, ese caleño amante del cine, que en alguna época formó parte de los genios de Caliwood, logró captar la esencia de la vida de Lorenzo Jaramillo en 96 minutos. 96 minutos que hablan del jardín en París, del puente de madera, de la comida, de Marilyn y del cine. 96 minutos que muestran al amigo, al pintor y al hombre culto, a la persona que desbordaba ternura y que necesitaba de los demás. 96 minutos, sobre el hombre que a pesar de saber que moría muy pronto, siempre tuvo un gran sentido del humor... hasta el final.

 

Quería hablar antes de morir: El testimonio de un pintor colombiano - Nuestra película de Luis Ospina Por Catalina Villa
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