LA CRUCIFIXIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Por Hugo Chaparro Valderrama

Laboratorios Frankenstein

 

 

En el país de la impunidad es saludable que alguien lance bombas verbales capaces de estremecer, vulnerar o contrariar de alguna manera los hábitos de una convivencia basada en la hipocresía, en la tragedia o en el dudoso respeto por instituciones en las que se confía cada vez menos.

 

A favor o en contra, rechazando o interesándonos por sus declaraciones, la figura del escritor antioqueño Fernando Vallejo es un punto de encuentro y desencuentro alrededor de nuestro malestar. Acaso por esa razón, Luis Ospina se decidió por un título no del todo esperanzador para su biografía cinematográfica: LA DESAZÓN SUPREMA: Retrato incesante de Fernando Vallejo (2003).

 

Desazón suprema alrededor del oficio de escritor, desazón extrema sobre lo que significa ser colombiano, inquietud sin pausa sobre los sueños y las pesadillas que moldean el tiempo y su calendario, el documental de Ospina tiene una excelencia narrativa cifrada por el montaje y la fragmentación de esta biografía en diversos episodios, acompañada por lecturas de textos escritos por Vallejo, construyendo el rompecabezas de una vida a través de imágenes que nivelan el carácter mordaz de un autor que nunca ha estado del todo cómodo en el mundo, matizado con sorpresas de niño travieso: lavarle los dientes a su perra, dormir la siesta con ella, exhibir su homosexualidad en contra del prejuicio o mostrar una sonrisa de orgullo triunfal cuando pone en el lugar que se merece a los periodistas que retardan el ritmo y la inteligencia de un país avergonzado de distintas maneras ante sí mismo.

 

La definición del escritor mexicano Carlos Monsiváis refiriéndose a Vallejo, consiente esta ambivalencia: Fernando Vallejo es un mazapán de neutrones—o un pastel envenenado, como afirma en la película.

 

La figura del autor es así tan subversiva como la de Porfirio Barba Jacob o Vargas Vila: su atención se basa en la fascinación que no permite un trato indiferente ante el testimonio que escritores como ellos han dejado en el país.

 

En Colombia se crucifica cada día al Sagrado Corazón de Jesús. Fernando Vallejo, en cámara de Luis Ospina y de todos los que contribuyeron para la realización de su documental, aparece como un apóstol de las herejías propiciadas por el caos que define a este rincón del mundo. La intimidad que alcanza en LA DESAZÓN SUPREMA el realizador con su personaje, desvanece el distanciamiento, se aproxima al mundo cotidiano que disfruta, padece o puede sobresaltar al espectador, según pruebe el mazapán o los neutrones.

 

Desde las películas caseras en las que Vallejo aparece con su familia en un pasado brumoso, el documental recorre los motivos de la desesperanza, los sueños torcidos de un país, concentrados y magnificados por la lupa de la ironía, por el escepticismo o por la barbarie verbal, quizás grotesca, del todo implacable, de un mortal que no condesciende ni siquiera ante sí mismo.

 

El retrato de Vallejo es así un documental donde la forma de producción que permite una cámara discreta en su manejo, contribuye al tratamiento de su tema sin artificios y con la sinceridad que Luis Ospina ha exhibido siempre en sus películas.

 

La crucifixión del sagrado corazón de Jesús Por Hugo Chaparro Valderrama
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