"Luis Ospina: el video como forma de resurrección"


Por Sandro Romero Rey

Cinémas d’Amérique Latine

No. 3, Toulouse, 1995

 

"Cuando hacía cine. siempre venía un tremendo problema de inseguridad, porque siendo un cinéfilo, había visto películas perfectas, y creo que desde los años cuarenta es poco lo que se ha hecho nuevo en cine. Y por más remakes que se hagan ahora y más colores, y actrices mas bonitas, eso no! En cambio con el video, siempre sentí la emoción de trabajar en un medio nuevo, que no estaba tan codificado y estructurado. No se podría hablar de un lenguaje del video como se podría hablar del lenguaje cinematográfico desde los años veinte. El video es, por así decirlo un material innoble y el cine es un material noble. Pero el video me solucionó una serie de necesidades expresivas: me permitió trabajar en una especie de collage permanente, en donde yo puedo hacer citas en cine o en texto o en lo que sea, puedo cambiarle el color a las cosas, o hacer ciertos efectos que en cine tendrían costos prohibitivos. En video son fáciles... sí, sentía como la emoción de trabajar en algo nuevo."

 

Luis Ospina

 

Si tenemos que hablar de la memoria visual en Colombia, el nombre de Luis Ospina (Cali, 1949) se hace, no sólo Imprescindible sino revitalizante. Al interior de una historia que, como la del cine de dicho país, está plagada de abortos, frustraciones y lamentables buenas Intenciones, Ospina representa muy pocas cosas, pero, por fortuna, esenciales: el amor por el "séptimo arte, su conocimiento profundo, su correcta manipulación, su adaptación exacta dentro de un medio en el que el fracaso se volvió una norma y una forma de sobrevivir.

 

La historia del cine colombiano nace casi que con los primeros alientos de los Hermanos Lumiére. Según el crítico Hernando Salcedo Silva, las primeras imágenes de este país esquinero de Suramérica se remontan a los últimos años del siglo diecinueve. Pero esta condición anticipatoria la poco le sirvió para los resultados ulteriores. La sucesión de ejemplos en la tradición visual colombiana es un conjunto de errores, de utopías, de buenas ( y malas ) intenciones deshilvanadas, hasta el punto de considerarse, hoy en día, un conjunto de sueños caprichosos que nadie quiere reivindicar.

 

De los noticieros a los primeros largometrajes mudos, del descubrimiento del cine sonoro al limbo del color, de la forzada necesidad del cine político, de las frustraciones perennes a la sin razón de una industria que se agoto en si misma, todo ha pasado por la memoria visual de un país que corrió la peor de las suertes, en relación con lo sucedido en otras latitudes similares a las de Colombia.

 

Luis Ospina es un "autor", en el sentido mes anárquico de la palabra, se enamoró de las imágenes en movimiento desde que tenía uso de razón y se comprometió con un oficio que implicaba privaciones, excepciones a las reglas establecidas y toma de determinaciones radicales. Así nació su cine. Cuando la vida se le volvió una obligación imprescindible, realizó un pequeño cortometraje que tituló "Vía cerrada" (1964), el cual, a la postre, se le volvió un profético canto de batalla. Pasarían algunos años. hasta que su rebeldía (con un excelente fondo musical) se lo llevaría a Los Ángeles (California) para estudiar eso que todavía llamamos cine.

 

Allí, en los Estados Unidos de Norteamérica, comenzaría su pesadilla creativa; primero con ejercicios iconoclastas como "Autorretrato (Dormido)" (una especie de Andy Warhol de emergencia) o "El bombardeo de Washington" ( un experimento de montaje realizado con materiales de archivo), hasta dirigir su vertiginosa adaptación del “Eróstrato” de Sartre titulada "Acto de fe" (1970), para que murieran todos los que pasaran a su lado.

 

Pero su opción, su condena, era ser colombiano. Y mientras estudiaba en UCLA. realizó, en sus vacaciones, su documental "Oiga vea" (1971-72) sobre los VI Juegos Panamericanos en Cali, en co-dirección con Carlos Mayolo. Aquí, el "estilo" Ospina comienza a materializarse, gracias a la fuerza de su edición, a su humor inconfundible y a su pasión Irrefrenable por la aventura visual. De allí en adelante, han seguido encuentros, más allá de las búsquedas. En 1973. hizo el documental "Cali: de película", sobre la Feria de su ciudad natal, un tema que lo obsesionará, quizas, hasta el final de sus días.

 

Que pasó después? Ah. trabajos como siempre, como editor, como sonidista, como cineclubista. Hasta el descubrimiento de su realidad (de su propia realidad visual) con "Agarrando pueblo" (1978), un verdadero manifiesto sobre la farsa de los realizadores de cine que utilizan la miseria como "materia" de sus producciones. Este mediometraje, ganador de varios premios internacionales, representó un contundente llamado de atención para todos los mercenarios de las Imágenes que abundan en América Latina.

 

En 1981, realiza su primer (y único) largometraje. titulado "Pura sangre", gracias a un préstamo de Focine, la compañía estatal productora de películas (hoy desaparecida). Estamos aquí frente a una delirante obra de ficción, mezcla de géneros y de homenajes cinéfilos, en la que un anciano magnate azucarero necesita de sangre de jóvenes adolescentes para poder sobrevivir. El largometraje no consiguió recaudar los fondos suficientes como para que Ospina cancelara sus deudas con Focine y hasta aquí llegarla su trabajo como cineasta de ficción. A pesar de la impecable calidad técnica narrativa "Pura sangre", a pesar de la premiación de su guión “El Pobre Lara” por la misma compañía estatal, el director caleño no contó con el apoyo para la realización de su segundo largometraje.

 

Pero no hay mal que por bien no venga. El último trabajo dirigido por Luis Ospina en 35 mm. , fue un cortometraje titulado "En busca de 'María'" (1985). en el cual. en compañía de Jorge Nieto, reconstruye la saga y desaparición del primer largometraje realizado en Colombia en 1921 (una adaptación de la novela "María" de Jorge Isaacs). Esta película marcará, de alguna manera, el "tono" de sus trabajos posteriores. Y dichos trabajos serán, en su totalidad, en video. El primero de ellos, realizado también en 1985, se titulará "Andrés Caicedo: Unos pocos buenos amigos", el homenaje al escritor y crítico de cine caleño quien se suicidara a los 25 años. Dos años después concluye un nuevo trabajo titulado "Antonio María Valencia: Música en cámara", documental sobre el compositor y artífice de la cultura en su ciudad natal. De aquí en adelante, la cadena de realizaciones en video, no se ha detenido. Si tenemos que hacer una rápida mención de estas experiencias, debemos citar los títulos: "Ojo y vista: Peligra la vida del artista" (1988). una especie de "continuación", diez años después, de la experiencia de "Agarrando pueblo"; "Fotofijaciones" (1989) sobre el fotógrafo Eduardo Carvajal; "Adiós a Cali. (¡Ah. Diosa Kali!)" (1990), un delirante registro sobre la destrucción física de la capital del Valle del Cauca; la trilogía de los buenos oficios. "Al pie" (sobre lustrabotas), "Al pelo" (sobre peluqueros) y "A la carrera" (sobre taxistas), todos realizados en 1991.

 

Hasta aquí, si exceptuamos los trabajos realizados en USA, la obra de Luis Ospina, como la de sus compañeros de generación, nace, se desarrolla y se justifica por y para la ciudad de Cali. Es su razón de ser y su instrumento de trabajo. Pero a partir de 1992, Ospina se “libera" un tanto de esta obsesión temática, para sumergirse en el infierno de la muerte y de la desaparición, con su documental sobre el pintor Lorenzo Jaramillo, en un extenso testimonio titulado "Nuestra película". Estamos ante la experiencia mas madura, más contundente, más demoledora, dentro del contexto de las obras del director colombiano. Se trata ahora de recrear, a través del imperio de los cinco sentidos, los últimos días del artista, quien prácticamente va muriendo ante nuestros ojos.

 

Este trabajo, es una. demostración fascinante y conmovedora de todo lo que Luis Ospina tiene para contarnos. Su obra en video es rica en humor, en descubrimiento de formas escondidas, pero también es la fórmula mas eficaz para transmitirnos el profundo nihilismo de su autor. En la actualidad, Ospina ha regresado a Cali. y prepara dos proyectos gigantescos uno sobre el Gusto (en el mas amplio sentido de la palabra) y otro sobre la historia de su ciudad.

 

Desde ya estamos casi seguros de lo que nos espera con estas nuevas experiencias, porque este artista del video ya no busca con su cámara , sino que encuentra registros vitales fascinantes , cada que sus párpados se abren.

 

Mirando la obra de Luis Ospina con la distancia que nos obliga el tiempo, nos parece que su trabajo en video ha sido fundamental para la historia del cine en Colombia; le ha devuelto la necesidad de poseer una memoria visual a un país que parece fascinado con vivir en la amnesia. Es mucho lo que Ospina ha conseguido con su particular manera de registrar el mundo. Pero esta valoración, como tantas otras , solo nos dará con verdadera precisión, el frenético paso de los años.

 

"Luis Ospina: El vídeo como forma de resurrección" por Sandro Romero Rey
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